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Prensa y Medios
     
 

La policía que no queremos

 
 
 
 

El experto en Seguridad de Ciudad1, Alberto Weckesser, analizó el accionar de dos policías de la bonaerense que en vez de socorrer a una mujer desvanecida le robaron y luego la abandonaron.

De la misma manera en que lamentamos cuando un funcionario policial cae en cumplimiento del deber, debemos poner el énfasis social en la condena a aquellos policías deshonestos, que en realidad no son efectivos de seguridad, sino ladrones disfrazados con un uniforme que no merecen.

Tal es el caso de dos miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que se desempeñaban en la zona de Florencio Varela. Los uniformados recibieron el pedido de auxilio de una vecina quien informó que una mujer se encontraba desmayada a bordo de su vehículo.

Lejos de actuar como debían, los efectivos procedieron a un ardid que les permitió robar del interior del automóvil una computadora portátil. Luego, ocultaron el artefacto en la campera del uniforme y se retiraron del lugar; mientras que a la mujer desvanecida la abandonaron a su suerte.

Los sujetos ignoraron si la víctima sufrió una descompensación o un problema de salud mayor que podría haberle costado la vida.

Asimismo, al hurto agravado se agrega la lamentable imagen de los policías al cometer un ilícito y que acentúa el deterioro de esa fuerza como institución.

La misma debería ser el último eslabón de protección del ciudadano ante el delito, sin embargo, lejos de ese objetivo demuestra ser quien genera estas terribles e imperdonables situaciones no deseadas por nadie.

Ahora la pregunta es: ¿De quién es la culpa? Y la respuesta es natural y se refleja en la decadencia general que sufrió la bonaerense en los últimos años y que si continúa con la política actual será cada vez peor.

La falta de institutos de formación adecuados, la escasez de programación en la captación de los elementos humanos y su consecuente seguimiento, educativo, psicológico, funcional y privado, pone al desnudo la falta de fidelidad del personal a la figura que ellos mismos representan.

Será tiempo de pensar en municipalizar a las policías en una provincia como Buenos Aires, poner a la cabeza de los partidos una suerte de comisionado o Jefe de Policía de Partido, que sea elegido por la gente en comicios y que sea removido si no se tienen los resultados esperados por partido y siempre controlados por los foros de vecinos.

Creo firmemente que debería quedar la Policía de la provincia como una suerte de cuerpo dependiente del estado provincial, para acudir y conjurar los delitos complejos que las policías municipales no puedan resolver.

Es dable decir, que hoy el sentido común dicta que una persona sentada en la ciudad de La Plata no puede manejar de modo alguno el destino y las acciones de 50 mil hombres. En cambio, un vecino puede reclamar al comisionado del partido situaciones anómalas.

Este temperamento transparentaría la gestión de la Policía y en especial debilitaría la posibilidad de que se formen bandas mafiosas, ya que si la fuerza de seguridad no ocupa la autoridad en la calle lo hará el delincuente de una manera organizada y convertiría el día a día en una rutina cada vez más peligrosa.

La celularización de este tipo de modelos más controlables ya se puede ver en Policías como la Metropolitana y en modelos como los que se promueven de facto -que tampoco es bueno del todo- en partidos como Tigre y San Isidro.