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Prensa y Medios
     
 

Un arma de doble filo

 
 
 
 

El especialista en seguridad de Ciudad1, Alberto Weckesser, explica los beneficios y peligros que representa tener un arma de fuego en el hogar.

La discusión acerca de si las armas son beneficiosas en un hogar se ha reavivado luego del lamentable y violento asalto de que fue víctima el conductor Baby Etchecopar.

Gracias a su valentía y pericia en el uso de las mismas pudo salvar su vida y la de los suyos, pero no sin consecuencias. Sin embargo, fueron realmente menores para un hecho de esa ferocidad expresada por los delincuentes.

Por este motivo, se debe "demonizar" el uso de las armas en el domicilio. A los ojos de los resultados, es siempre preferible el arma en manos de un profesional educado y preparado psíquico y físicamente y, fundamentalmente, entrenado para el uso de la misma en momentos de ser necesaria la legítima defensa.

Baby tuvo apenas unos segundos para decidir si vivía o se dejaba matar a él y a toda su familia. Decidió lo correcto, se defendió proporcionalmente de una agresión ilegítima.

Por otro lado, cuando la decisión criminal está echada, no hace falta un arma de fuego para concretarla. El país esta conmovido por el hecho de San Vicente, que lejos de poder comprenderlo o justificarlo muestra lo que una persona es capaz de hacer con armas y sin ellas.

El uso de un arma de fuego requiere una práctica metódica del uso y el dominio en la conciencia de que siempre es para defensa de otra arma, que legítimamente nos pone en la necesidad de defender la vida propia o de terceros.

Más allá de esto, tenemos que pensar que la adrenalina juega en contra y que el ciudadano que posee un arma en forma legal responde como tal por sus acciones, no sólo en el plano penal sino también en el civil, en los daños provocados a terceros aunque los mismos, y no hablo del delincuente, sean transeúntes ocasionales, víctimas de un disparo que atraviesa un cerco o una ventana.

Las armas de uso civil condicional tienen la suficiente potencia para atravesar a una persona y seguir una trayectoria errática sin ningún problema, dependiendo de si es detenida por tejidos duros como huesos. Este es un ejemplo crudo pero cierto, sin hablar de los problemas que se pueden generar por la impericia o la imprudencia en el uso de las armas, lo que el código penal tipifica como culposo.

Por último, nos debemos preguntar ¿estoy yo preparado para enfrentar toda la carga de responsabilidades que conlleva el uso de un arma? ¿Sé como discernir cuando voy a ejercitar una legítima defensa o cuando voy a ingresar en el exceso de la misma? ¿Tengo las ganas y el tiempo para ejercitarme con instructores debidamente habilitados por el RENAR en instituciones creadas a tal efecto?

Todas estas preguntas deben ser planteadas al momento de adquirir un arma o al momento de decidir si hay que deshacerse de ella.

Los ciudadanos tenemos el derecho constitucional de defendernos, como también el Estado tiene la obligación de proveernos de seguridad, pero para llegar a ella se deben recurrir a herramientas básicas como la educación, la justicia y fundamentalmente no apartarnos de la célula madre de la democracia: la familia.

Los cambios empiezan de a uno y se van multiplicando por imitación, construyendo de esta forma la base ética necesaria para que todos intervengamos con la opinión de temas tan calientes como este, priorizando el interés nacional más allá de toda bandería política.

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